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Hace algunos años que fuimos invitados a una casa donde se haría una comida, en la que todos participaríamos tanto de la preparación como de su coste.
Aceptamos la invitación y acudimos, participamos en todos los pormenores de la comida social y de todo lo que se realizó en el encuentro.
En un momento dado, la propietaria de la casa conminó a su hija para que bajara unas velas y las encendiera para hacer una meditación en grupo.
La hija subió al piso de arriba a por las velas y las bajó en una caja donde su madre las tenía guardadas.
Le aconsejé que encendiera las velas en número impar y si eran 13, mejor. La joven, Mono Resonante, empezó a distribuir las velas por una gran mesa donde en el centro estaba una foto del personaje al que honraban. Después de terminar, se me acerco y me comunicó que había 13, eran todas las que había en la caja, hablamos de la casualidad, la coincidencia y del por qué de número impar y del 13.
Se avisó de que empezaba la meditación y un hombre que hacía medio de jefe, empezó con la toma de contacto; pero... cuando quiso comenzar la grabación, no daba pie con bolo, no salía lo que el quería poner, se empezó a alterar, aquello pintaba mal y después de muchos vetes y diretes, se apagó una vela con uno de los muchos movimientos que hizo, y... milagro, todo empezó a funcionar. Al ver que solo se funcionaba con el 12, además de ser número par, nos retiramos.
Éramos conscientes que solo se trataba de una forma y lo importante es el fondo, pero nos parecía que ahí, había un fondo un tanto raro.
Después comprobamos que estábamos en lo cierto.
Ya muy entrada la tarde, leímos Ondas, explicamos el Sincronario y respondimos a todas las preguntas que pudimos sobre nuestra filosofía de Paz.
Aquella vez, fue donde empezó nuestra costumbre de, ante una duda:
!LA PRUEBA DEL 13!
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